Escribe Sebastián Ronchetti*
Cuando presentamos en este mismo lugar hace
dos años Amor no Roma mi amor, leí un texto que hablaba sobre el libro de Pablo
y sobre lo que Pablo significaba para mi, no voy a repetir ese texto, pero si
quería retomar una idea y es aquella de como un libro te puede cambiar la vida.
Y en mi caso fue El origen de la tristeza. Había alguien, un escritor que era
del barrio, que había ido a mi escuela, que hablaba del viaducto, de Arsenal,
de la Saladita.... pero igualmente no era eso lo que me pasaba, no era el color
local, la empatía, la identificación lo que me había modificado para siempre,
era saber que los que venimos de acá nomás, de estás calles del sur, de estos
barrios del conurbano, de una casa de chapa o de un monoblock podemos escribir
y que nuestras historias pueden ser universales y atravesarnos. Toda una
revelación para alguien que además había abrazado la literatura desde niño como
yo.
Claro, y el que escribía era Pablo Ramos
además. Un escritor de una potencia inaudita, un rayo que hace casi 20 años
pegó en el corazón de la literatura argentina y provocó un temblor. Quiero que
imaginen la emoción que siento en este momento, desde que Pablo me convocó casi
no puedo dormir. Recordemos el día y la hora, más o menos, como podamos, ya se
sabe, cada uno lo contará distinto pero en fin es 4 de diciembre de 2021,
alrededor de las 19hs y llegó, acá está, El origen de la alegría, la novela que
completa la tetralogía de Pablo Ramos.
¿Cuántas vidas cambiará también este libro?
Por lo pronto, me animo a decir q la de
Pablo o por lo menos la de Gabriel Reyes el personaje que nos viene acompañando
todos estos años.
En su ensayo Moverse hacia la ternura,
Pablo escribió lo siguiente:
Si podemos hablar ¿por qué entonces
escribir? ¿Qué sentido tiene hacerlo? ¿Qué es, en definitiva, lo que una
persona que escribe habitualmente, o sea, un escritor, persigue al sentarse
horas y horas frente a una máquina de escribir? ¿Dinero, fama, gloria?, no
creo, eso es para pocos, y en todo caso eso viene después.
¿Qué es lo que descubre un escritor cuando
descubre que va a ser escritor? ¿Qué nombre propio le puso a ese sentimiento
que tiene atornillado a la glotis? Ese que, al mismo tiempo de ser descubierto,
promete una herramienta para la extirpación y susurra al oído que, pase lo que
pase, digan lo que digan (tus ex mujeres, tus ex suegras, tu propia madre, tu
propio padre, tus hijos) tienes que escribir, tienes que escribir, tienes que
escribir. Ese sentimiento es la impotencia.
De la impotencia, de la imposibilidad de
comunicarse con el mundo y en especial con el mundo cercano, con esos seres
queridos que si no se están yendo su permanencia en nuestras vidas pende de un
hilo. Del terror que sentimos frente a la inminente ruptura de ese hilo, y de
la impotencia, también, que nos genera ese terror, porque pese a amar, pese a
necesitar, pese a ser necesitados no somos capaces ni siquiera de saber “de qué
hablamos cuando hablamos de amor”
No leí la nueva novela en su versión
editada, pero tuve el privilegio de leer algunos borradores el año pasado y
creo que en estos 2 párrafos del ensayo ya está la clave que la prefigura , ese
hilo se rompió de forma inesperada, temprana y dolorosa y Gabriel inició un
viaje que finalmente lo llevará a un descubrimiento, al descubrimiento de la
escritura, y también a moverse pero curiosamente hacia el mismo lugar, acá
cerca en sarandí, en este Aleph del conurbano, donde en el mismo punto va a
encontrar el origen de la tristeza y el origen de la alegría, Pablo dice
también en Hasta que puedas quererte solo:
“La Ternura es el hecho estético por
excelencia, porque es la inminencia de una revelación que no se produce y que
tal vez nunca se produzca. Lo más probable es que jamás lleguemos a la Ternura,
claro, eso sería llegar a ser Dios. Pero no se trata de llegar a ella sino de
‘moverse hacia ella’: hacia el otro”
Y lo decía Santa Teresa: Las palabras
(¿serán las palabras de Alfredo en El origen de la alegría, será la escritura?)
llevan a las acciones, alistan el alma, la ordenan y la mueven hacia la
ternura.
Se cierra esta tetralogía (o pentalogía si
incluimos El Sueño de los murciélagos) y no puedo dejar de pensar en esta frase
de La Ley de la ferocidad, en este imperativo paterno: “Alguna vez vas a
escribir la historia de tu familia”. Y acá está todo, aquel Gabriel
preadolescente que va dejando de ser niño a partir del dolor en El origen de la
tristeza; el Gabriel adulto, que construye el relato alrededor de los tres días
del velatorio de su padre en La ley y la historia de Gabriel desde la primera
persona de la madre en María y ahora este Gabriel que ante el mayor dolor de su
vida encontrará en todo eso la posibilidad de la alegría, de la ternura y por
qué no de la salvación.
Y está Pablo escritor también, con ese
imperativo y con esa responsabilidad de saber lo que debe escribir y lo que no,
que lo convierte en un escritor moral como ha dicho muchas veces. La aventura
de los personajes es física y moral también ha repetido otras tantas.
Pablo y sus mitologías. Gabriel y sus
mitologías.
Y, claro, como dijimos antes, toda
mitología se vuelve universal.
Quiero decir también con todo este
recorrido que Pablo ha sido íntegro y leal una vez más a su manera de pensar la
escritura, ese escribir desde las fibras más íntimas para encontrar aquella
verdad literaria que se plasmará en el papel, donde pereciera decir, como
nuestro querido Salmón, que la honestidad no es una virtud sino una obligación.
Y de nuevo es el propio Pablo el que ya lo
dijo, justamente en un poema llamado Hacia Vero:
Ni siquiera importa el pan
Ni el vino
Ni el pedazo de carne que pongas
Adentro del sándwich
Lo que importa es otra cosa
Un condimento que no abunda
Lo que importa es la integridad
Y la lealtad.
Gracias Pablo. Te estábamos esperando.
*Texto leído por el autor en la presentación
del Origen de la Alegría 4 de diciembre en el Centro Municipal de Arte.
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