miércoles, 27 de octubre de 2021

Lorena, Merendero “Amigos del corazón”, por María Colaneri

Escribe María Colaneri*

Y a su canción como al pan

La iban salando sus lágrimas.

Manuel José Castilla

Palabras preliminares

Me propongo en este espacio narrar las historias de mujeres que crearon, dirigen y sostienen algunos de los muchos merenderos y comedores de mi ciudad: Pilar. Un Partido complejo, con sus diferentes localidades y sus tantos, tantos barrios. Estas mujeres trabajan en todos los rincones de la ciudad, luchando contra la injusticia, no con metáforas o teorizaciones sino con el cuerpo y el alma; cuerpos grandes o pequeños, delgados o corpulentos, cuerpos marcados todos por la crudeza de la vida, por la intemperie, por haberse cargado encima a tanto chico y a tanto adulto. Y almas enormes, que me enseñan mucho más de lo que yo pueda enseñarles jamás.

Tuve la oportunidad de conocerlas y seguirlas conociendo en el marco de los talleres que doy en el programa municipal María Romero. Y fueron ellas mismas las que me confrontaron con el deber que en definitiva tengo, no como profesora sino como escritora: escribir. Escribirlas. Poner en palabras lo que ellas piensan, sienten, recuerdan, sueñan, temen, reclaman.

Pero fue particularmente Lorena la que me hizo prometer que iba a escribir su historia. La que me obligó a la promesa.

– Ella va a escribir un libro de mi vida–, gritaba sin parar, señalándome, un sábado en que nos encontramos todas las mujeres del programa.

Entonces otras de las mujeres ahí presentes me recordaron que a ellas también les había prometido llamarlas para encontrarnos, para que me contaran su historia. Algo de esa historia ya habían adelantado por fragmentos en los talleres, de manera desordenada, con enojos e incluso con lágrimas. Porque tanto conmueve escuchar como que alguien te escuche.

Son historias duras pero llenas de esperanza, y por lo tanto llenas de ternura. Estas mujeres lograron transformar la amargura y el dolor en una sonrisa cariñosa y una mano amiga, que amasa cada día, en un plato de comida, un abrazo de madre.

Lorena

Primera parte.

–Decime qué día podés– me dijo Lorena, y yo lo entendí como un ultimátum. Era lunes.

–¿Mañana?

–Mañana– dijo, y quedamos en que la pasaba a buscar por Alberti a las dos, para almorzar juntas.

–Yo invito–, dijo, y agregó: –No falle a su palabra.

Es martes y en Pilar llueve. El tramo desde Villa Morra hasta la Ruta 26 me parece largo, hace mucho que no lo hago. Agarro la Formosa. El barrio en el que solía trabajar me parece más pobre que antes con sus pozos llenos de agua y los zanjones abiertos y el barro a los costados, el barro en todos lados. Pienso que me están mirando porque no soy de acá. Yo soy del otro Pilar, el que la gente dice que es lindo. Doblo en la Cattaneo y hago unas cuadras. Llego al colegio donde Lorena me dijo que nos encontráramos, pero Lorena no está. Me llama por teléfono: Dónde estás, profe, porque así me dice. O doctorcita cuando dice que soy abogada. O simplemente Mari. Me gusta que me diga Mari porque nadie nunca me dijo así en el otro Pilar.

–En la esquina del Padre Tomás–, respondo.

–Ah, ahí te veo– grita al teléfono. –¡Mirá para atrás, Mari! Vengo en una bicicleta amarilla.

Por el espejo reconozco, allá lejos, la figura de Lorena en su bicicleta. Alta y muy delgada, Lorena tiene la piel morocha y el pelo negrísimo. Va a todos lados en su bicicleta, a mis talleres en el Club Argentinos, por ejemplo. Lorena siempre dice que ella se mueve a pulmón, aunque llueva, como hoy. Llega hasta el auto, me saluda por la ventanilla baja, me hace seguirla. Vuelta en U, una cuadra y doblamos a la derecha para que deje su bicicleta en la casa de su cuñada.

–¡Espéreme ahí, profe!–, grita y entra con la bici. Cuando me dice profe, Lorena me trata de usted.

Estaciono y miro la casa. Una reja negra. Un cartel que dice comidas y el detalle: milanesas, fritas, empanadas, y un número de teléfono para pedir. Una casa baja, como armada por partes, en una cuadra de casas que parecen todas armadas por partes. ¡Qué olor a comida! escucho que grita Lorena adentro. Bajo un poco la ventanilla y me viene el olor a frito hasta el auto. Lorena vuelve a aparecer.

–Acá tengo mi merendero, profe–, dice. Tiene una torta frita en la mano.

Sube al auto.

–Quiere que le convide–, ofrece.

Tiene azúcar. Le digo que las prefiero sin azúcar.

–Entonces usted no es santiagueña, profe– dice, y se ríe. Siempre habla de Santiago.

Debatimos un momento si ir a almorzar a un shopping o a un lugar en Del Viso.

–Prefiero Del Viso–, digo, –no me gustan los shoppings.

Ella me dice que también prefiere Del Viso, aunque no sé si lo dice en serio o porque dije lo que dije.

Lorena me guía hasta el restorán. Es Don Camilo, justo enfrente de la estación. Estacionamos justo en frente. Lorena está contenta y yo también. Entramos, nos sentamos en una mesa para cuatro al lado de una ventana, ella del lado de los asientos acolchonados. Se ve la vereda y la tarde gris, la lluvia que cae. Nos traen la carta. Voy a comer una milanesa con puré. Ella mira el menú y dice que va a ser mucho. Después repite: yo como poquito por mi estómago. ¿Qué tenés en el estómago, Lore? Una úlcera.

Me pregunta por mí. No quería hablar de mí, pero Lorena tiene una manera de preguntar sincera. Se acuerda de todo lo que alguna vez le conté. Yo, en cambio, parezco no acordarme de nada. Ella me lo recrimina. Durante minutos hablo de mí, de mi historia.

–Todos terminan contándome su historia, profe– dice. –Y vos, no te acordás de nada de lo que te dije, ¿no?

–¿Empezamos de nuevo?–, pregunto.

–Empezamos de nuevo– dice, y nos damos la mano–: “Hola, soy Lorena, soy santiagueña...”.

Lorena nació en la ciudad de La Banda, en Santiago del Estero, un 21 de octubre de 1978. Tiene cuatro hermanos varones y tres hermanas mujeres. Varios en Buenos Aires, otros en Santiago. Con la hermana que está en Santiago no se habla, no sabe decir bien por qué. Quizá fueron celos, piensa Lorena, porque su mamá andaba siempre encima de ella: que cuidado con la Lore, que no la toquen a la Lore, que la Lore esto, que la Lore lo otro. Y un día, cuando Lorena tenía diecisiete, fue esa hermana la que le gritó en la cara: vos que ni siquiera sos hija de mi mamá. Lorena quedó un segundo helada. Dijo: cómo decís eso, si somos hijas de la misma madre. Su hermana respondió: tu verdadera mamá no te quiso y te tiró a la basura y mami te agarró de ahí. Lorena corrió a encerrarse en su habitación. Tres días estuvo encerrada. Hasta que su mamá perdió la paciencia y casi tiró la puerta abajo: abrime la puerta porque acá yo soy tu madre y vos mi hija y no al revés. Lorena abrió. Su mamá se sentó con ella en la cama y le habló: estaba esperando el momento justo para contarle todo. Le dijo: yo no te tuve, pero yo hice lo mejor que pude, te di todo: mi vida te di, y te voy a defender con uñas y dientes. Lorena escuchó de boca de su “mamá adoptiva”, como ella la llama cuando me cuenta esta historia, la historia de sus padres biológicos. Eran demasiado jóvenes (dieciséis ella, diecisiete él). Su madre biológica se llamaba Teresa y en la casa le dijeron: o lo tenés y lo das, o te lo sacás. Allá en Santiago no es como acá, me cuenta Lorena: si una mujer no quiere a su hijo lo entrega sin papeles ni nada o lo deja en la basura. Su “mamá adoptiva”, su mami, se llamaba Margarita, pero Lorena no la llama por su nombre. Era amiga de la familia de Teresa. Doña Marga le ofreció a la joven Teresa quedarse en su casa hasta que naciera su bebé; entonces podría decidir. Teresa aceptó. Y la panza fue creciendo, o sea, Lorena fue creciendo, y cuando estaba por nacer, Teresa le dijo a doña Marga: no lo quiero tener. Era chica y tener un bebé le arruinaba las posibilidades, le arruinaba la vida. Doña Marga dijo: dámelo que yo me lo quedo. Y eso que mami ya tenía siete hijos de ella, dice Lorena ahora. Sabe que tiene más hermanos por ahí, porque su madre biológica después “hizo la calle” y debe haber estado con uno y quedado embarazada, y después dejado a esos bebés tirados, y así.

Los meses después de enterarse fueron muy difíciles para Lorena. Durmió todas las noches abrazada a su madre, como si hubiera vuelto a ser una niña. Un día su mami les dijo a sus hijos que sentía como unas pelotitas en el estómago que se le movían. Siguieron algunos meses de médicos. Y el 11 de agosto de 2002, recuerda Lorena, su mami se despertó y le dijo que estaba muy cansada, que se iba a quedar en la cama. Sí, le dijo Lorena, quédese en la cama y yo limpio y después nos tomamos unos mates o le preparo un té. Y cuando Lorena terminó fue a la cama y vio que su mami estaba de verdad muy cansada y que apenas respiraba con un ronquido. Doña Margarita se moría. Lorena vio cómo su madre levantaba la mano hacia el cielo y cómo una luz bajaba del cielo hasta la mano levantada de su madre. Lorena lo jura, por Dios lo jura, y ella cree en Dios por sobre todas las cosas, más que en su familia, incluso. Y hace un silencio. Trato de que no se me note que yo también creo en los milagros. Lorena sigue contando: y su mami como que se rio, y Lorena no sabe si vio un ángel o qué pero sabía que se estaba preparando para irse. Estaba tranquila, dice, pero igual se le notaba como un tironeo, como una pelea: que se iba, que no se iba. Lorena le dijo a su hermana que había que llamar a una ambulancia, pero era domingo y una ambulancia un domingo es un imposible en Santiago. Le pidió a una vecina de la esquina y fueron en su auto. En el asiento de atrás viajaron una de las vecinas, y Lorena con su madre. Lorena estuvo a punto de llorar varias veces, pero doña Margarita le apretaba la mano bien fuerte y decía, bajito: no llorés, que siento todo. En el hospital se la llevaron a internar y a la noche les avisaron que había fallecido. Fue el día en que Lorena se quedó sin rumbo.

Traen la comida. Lorena come despacio por su estómago y porque habla, habla mucho. Le pido sacarle una foto.

–Esa es de las viejas–, me dice.

–Es a rollo. La compré hace poco–, digo.

Lorena sonríe para la foto. Tiene unos ojos muy negros y profundos, y la mirada pícara. Le pregunto por su papá. Traga un bocado minúsculo, mira por la ventana y sigue contando. 

*Esta crónica fue publicada originalmente en el portal de Pilar Diario.

martes, 26 de octubre de 2021

Pablo Ramos en la "Feria Itinerante del libro y semana de las Artes de Río Negro"

El escritor Pablo Ramos ofreció una conferencia en la 5ta edición de la “Feria Provincial itinerante del Libro y semana de las artes” que se realizó del 13 al 17 de octubre en El Bolsón. El escritor leyó un fragmento de su nueva novela editada por Alfaguara, "El Origen de la Alegria", que será publicada a fin de año.  




























sábado, 9 de octubre de 2021

Otros verbos, otras existencias, por Paula María Dombrovsky

"Resulta algo curioso que usemos frecuentemente reproducir, reproducción, proceso reproductivo, aparato reproductor, cuando reproducir remite a verbos como copiar, imitar, reiterar, duplicar. Incluso este diccionario, sumamente cuestionado, dice producir para decir procrear. Aun así, usamos reproducir cuando sabemos que un cuerpo humano nunca reproduce como si hiciera una copia a otro cuerpo".



Escribe Paula María Dombrovsky *

Durante los primeros años en la práctica docente preparaba cada minuto de la clase, leía pies de página, fragmentos de otros autores referidos en los textos que me tocaba dar. Horror vacui es una expresión que refiere al miedo al vacío que se da en el arte islámico, relleno de detalles y ornamentos. Horror al vacío era lo que me llevaba a anticipar y prevenir cualquier posibilidad de quedar en vacío, no conocer de antemano la respuesta a alguna pregunta de alguno de los estudiantes.
La diferencia entre tener y no tener en la facultad de psicología tiene una significación disciplinaria particular. Los varones tienen, las mujeres no tienen. Es una lectura posible, según aquello que se considere que es valioso tener. O aún más, si se considera que es valioso tener algo. La pregunta es qué pasaría si fuera valioso tener vacío o portar el vacío.
Hace más de diez años practico la docencia y si bien reconozco que disfruto los momentos en que puedo presentar ideas de los autores con los que trabajo, también tengo escrito en grandes letras arriba del plan de cada clase la indicación de hacer preguntas y esperar silencios, porque descubrí que soportar el vacío y dejarlo actuar hizo que cada clase sea una creación novedosa, contar con la sorpresa. La paciencia ante algunos silencios y el armado de preguntas más que respuestas permitió dejar aparecer algo de esa magia de la creación, de lo nuevo inesperado, la palabra renovadora de estudiantes creando lazos entre lo que escuchan, lo que vivieron y leyeron. Algo nuevo aparece ahí, una invención, una nueva lectura, otra versión, una di-versión. Hacer con ese vacío, soportar el vacío habilitador para que pueda decirse algo diferente, producir algo además de la reproducción de fórmulas de autores clásicos, un decir singular a partir de ese encuentro, algo que surge en ese intersticio. Esa es la potencia de cada clase.
El vacío ya no como horror sino como un contorno dispuesto a recrearse, armar una estructura para dejarla vacía, hacer el esfuerzo de no completarla, si se llena, permitir que vuelva a vaciarse. El espacio vacío para el hallazgo de lo diverso, lo que sale de la línea, el punto en otro lugar, el oído entornado pero vacío para escuchar otra cosa diferente al ruido de la repetición de lo mismo. El vacío no vale, no se cuenta dentro del proceso, no es nombrado, el vacío no se tiene, el vacío no produce ¿el vacío no produce?
Producir. La Real Academia Española define producir como: 1. Engendrar, procrear, criar. Se usa hablando más propiamente de las obras de la naturaleza, y, por extensión, de las del entendimiento; 2. Dar, llevar, rendir fruto; 3. Rentar, redituar interés, utilidad o beneficio anual; 4.Procurar, originar, ocasionar; 5.Fabricar, elaborar cosas útiles; 6.Facilitar los recursos económicos y materiales necesarios para la realización de una película, un programa de televisión u otra cosa semejante y dirigir su presupuesto; 7. Exhibir, presentar, manifestar a la vista y examen aquellas razones o motivos o las pruebas que pueden apoyar su justicia o el derecho que tiene para su pretensión; 8.Crear cosas o servicios con valor económico; 9.Explicarse, darse a entender por medio de la palabra.
El verbo reproducir, al igual que producir, es un verbo transitivo, es decir que necesita de un sujeto y un objeto, una acotación semántica, dado su amplio abanico de significados posibles. Llamamos reproducir al verbo que define a una de las funciones propias del aparato genital o reproductor femenino, mayormente entendido como un aparato compuesto por útero, trompas de falopio, ovarios, vagina, clítoris, vulva, labios, cérvix. Algunos significados, provenientes de la misma academia, nos dicen que reproducir significa: 1. Volver a producir o producir de nuevo; 2. Volver a hacer presente lo que antes se dijo; 3. Sacar copia de algo; 4. Hacer que se vea u oiga el contenido de un producto visual o sonoro (reproducir una cinta, por ejemplo); 5. Ser copia de un original; 6. Dicho de los seres vivos: engendrar y producir otros seres vivos de sus mismos caracteres biológicos. Los sinónimos que se enumeran son repetir, reiterar, duplicar, imitar, calcar.
Ahora bien, es notable la diferencia cuando los seres vivos son sujeto del verbo: reproducir para los seres vivos significa producir otros seres, engendrados por esos seres y desde esos seres, a partir sus caracteres biológicos. Reproducir entonces, según este diccionario, significa producir, algo que parece evidente, ya que producir otros seres es diferente a copiar o volver a producir. Resulta obvio, pero seguimos diciendo reproducción y reproducir.
Resulta algo curioso que usemos frecuentemente reproducir, reproducción, proceso reproductivo, aparato reproductor, cuando reproducir remite a verbos como copiar, imitar, reiterar, duplicar. Incluso este diccionario, sumamente cuestionado, dice producir para decir procrear. Aun así, usamos reproducir cuando sabemos que un cuerpo humano nunca reproduce como si hiciera una copia a otro cuerpo humano, nunca copia al anterior, nunca “de nuevo”, no hace que algo exista otra vez, el ser gestado es parecido, tal vez copia de algunos caracteres, pero no es copia del ser gestante. Existe nuevo, único, jamás re producido.
En biología y medicina se dice reproducir para hablar de los procesos de creación de nuevos seres. Muchas veces escuché decir a compañeros médicos, al hacer investigación, que desarrollar el marco teórico era muy sencillo, porque no hay grandes diferencias teóricas o diversidad de lecturas de lo que es un hígado, en cómo se explica un corazón y los procesos biológicos. Hay diferentes manuales que mantienen lecturas biológicas que parecen muy fieles a sí mismas. Se dice aparato reproductor, el proceso es reproducir, hay una forma normal y otras patológicas. Freud decía que primero cedemos en las palabras, después en las cosas, tal vez haya que dejar de ceder a repetir las mismas palabras para decir cosas diferentes.
Pero sabemos que el lenguaje es arbitrario, que no tiene por qué ser más o menos justo, o más o menos adecuado. También sabemos que los poderes se expresan en lo que se puede y no se puede decir, lo que se nombra y lo que no se nombra, lo que vale y lo que no, lo que puede existir y lo que no. Que existan otras opciones de uso en el lenguaje habilita otras lecturas, otras formas de decir que legitiman otras formas de hacer, otras formas de existir. Este escrito y esta escritora sólo buscan expresar una pequeña pregunta compartiendo una mirada ante la admiración que genera una lucha que lleva siglos. Unas palabras que son gracias a luchas feministas que acarrean debates que son instituyentes porque abren nuevas perspectivas sin destituir las anteriores y sin querer erigirse como la única hegemónica buscan multiplicar, pluralizar las perspectivas, las lecturas del mundo, los sentidos y así provocan preguntas. Esta es una pequeña lectura que existe gracias a tantas otras, que se propone nuevos decires que ofrezcan otras opciones, que habiliten elecciones y preguntas.
La reproducción humana sirve como ejemplo a mano y conocido generalizado para expresar ese otro sentido posible que interesa enfatizar sobre el vacío: hay una existencia que se gesta en el vacío. El útero es ese vacío, que se expande, que crece. Lejos de atenerse a la biología para imponer las formas “normales”, tiene que ver con intentar nuevas lecturas de la biología para nombrar otras cosas. Permitir otras lecturas de la biología, de lo biológico que instituyan preguntas antes que imponer certezas y divisiones. Usar una definición biológica para hacerla estallar nombrando otras cosas. Otro verbo para nombrar esta creación en el vacío, desde el vacío, para valorizar esos vacíos que existen al igual que ese espacio vacío uterino. Algún nombre para esos vacíos gestantes de existencias múltiples: Uterar

1.Uterar: dícese de producir, crear algo nuevo donde había un lugar vacío.

2. Uterar: dar lugar, lugar con entorno flexible, para un ser o más.

3. Uterar: generar vacío que aloje aquello pequeño, frágil, creciente, indeterminado, imperfecto e incierto.

4. Uterar: ahuecar con el destino de expandir, crear, hacer crecer la existencia nueva y potente por sí misma, que se hace lugar en ese hueco que también crece, ingobernable, indeterminado e indeterminable.

4. Uterar: sostener la pregunta, sostener el vacío de respuestas, la inquietud e incomodidad.
Uterar, antes que gestar, permite tomar dimensión de lo cíclico, de ese vacío cuyo borde se engrosa, también para volver a afinarse. Tomar dimensión de lo cíclico también implica un proceso espiralado, pasar varias veces por lugares, sentires, por los que se pasa otra vez, pero de otra manera, en otro lugar, desde otro lugar. El ciclo también implica tiempos de espera, tiempos en plural, de tiempos diferentes a la inmediatez, tiempos de proceso, de contemplaciones, de observación, de ver qué pasa, de apertura a lo inesperado. Tiempos de hallazgos.
Uterar tendrá que ver con sentir vacíos que crean tiempos para hacer presencia de vacío, hacerlo notar, hacerse sentir, saber positivamente que existe en vacío, que el vacío crea. Una existencia hueca necesaria para generar más existencia y un tiempo para que transcurra.
Uterar nos permitirá pensar la carencia, la falta como valor, la carencia como pulsante. Uterar resalta el valor de no estar lleno, de no colmar, evitar acumular, de vaciarse para producir otra cosa, para que se geste otra existencia. Incompletar, vaciar, ahuecar permite crear, produce.
Uterar busca dar lugar al vacío, pensar el no tener como potencial creador. No poseer el peso, sino el espacio vacío que puede verse vinculado con el concepto de deseo, que se funda en la idea de la falta como motor causante, movilizadora, máquina de trabajo creador, vacío productor, uterador. Inspirarse en el útero como forma del cuerpo para despegar de allí multiplicando estructuras posibilitadoras, conceptos huecos y siempre abiertos a lo diferente, a lo acallado, a lo que no está nombrado, a lo que todavía no existe. Un vacío como margen de visibilidad de otra cosa, de existencia de lo imposible, de lo que aún no podemos imaginar.
Eso que leemos y decimos existe según cómo esté construido su sentido, sea por sus utilidades, funciones, valoraciones. La construcción y deconstrucción de sentidos, las lecturas que pueden hacerse de esas materias que nos rodean, lecturas que hacen que algunas cosas existan y otras no, es un proceso siempre latente. Se imponen lecturas que dan valor y poder a algunas cosas y a otras no. Sistemas de sentidos que establecen por ejemplo que vale la pena el tener y también qué vale la pena tener. Acumular, completar, llegar, perfeccionar, terminar son verbos que insisten al hablar de procesos. Incompleta, faltante, con falta, sin tener, deficitaria, son todos conceptos partidarios de lógicas totalizantes, en donde el todo, lleno, completo, perfecto, sin falta ni defecto, es el ideal al cual aspirar.
El ejercicio propuesto sobre el verbo Uterar es un intento por mostrar lo que pueden las palabras, al entramarse en los juegos del poder, pero también que debemos producir nuevos vocablos para nombrar otras lógicas, que den lugar, que generen un nuevo espacio, justamente, a partir de la incompletud estructural.

*Este texto publicado en la revista digital revistafroi.com fue recomendado para su publicación en el blog por Pablo Ramos.


lunes, 4 de octubre de 2021

La Ciudad de la Luz: la alegría no es solo brasilera, por Pablo Ramos




Escribe Pablo Ramos

(Dedicada al Bandi, el globero bailarín de la plaza de Pilar)


María recién había alquilado nuestro actual departamento en La Morra, el mismo en donde ahora escribo, y faltaban comprar algunas cosas. Como en su cumpleaños ella no iba a estar en Buenos Aires decidí adelantarle el regalo y comprar el sillón que tanto le gustaba. Fuimos juntos a la fábrica, una que queda por la Ruta 8 ya que tengo por costumbre comprar todo en los comercios y las fabricas locales, siempre.

Se vivían momentos de mucha paranoica, con o sin razón. Lo digo así, pero dejo en claro que ante la duda y aún estando en leve desacuerdo con algunas medidas, las acaté una por una. Prefiero estar equivocado junto a mi pueblo que ser un gorila anti-barbijo o anti-vacuna. Es sofocante que mucha gente no pueda entender el carácter netamente político de las cosas. Y acá quiero detenerme un poco, hacer un intermedio de la crónica, porque estamos en época de elecciones y porque la cosa puede ponerse fea si Larreta se perfila para presidente.

Es de público conocimiento mi amistad con Jorge Ferraresi, también mi admiración hacia él y mi trabajo en la comunicación de todo lo referido a mi hermosísima Avellaneda. Los chicos de mi productora I Believe dejaron ya por un largo tiempo nuestros proyectos artísticos para ayudar a sostener esta revolución avellanedence, perdiendo muchas cosas que podíamos haber hecho, pero ganando en logros para el municipio. Comunicar mejor con la calidad de forma y contenido que la gestión actual merece.

Cuando conocí a Ferraresi yo me di cuenta de que era una enorme posibilidad para mi gente. Lo pude ver en una corta primera conversación. Vi la honestidad y la hombría de bien de quien me hablaba: Ferraresi. Soy un ser muy atento a la primera impresión.

Creo que la primera impresión prima, justamente, sobre las dificultades que uno pueda tener luego con las personas. Y que si uno no está atento a ella está todo más que bien. La segunda impresión, la tercera y la cuarta, solo terminan por desdibujar la percepción; la vuelven vulgar, desenfocada. Casi todos tenemos esa capacidad, y vivimos así sin darnos cuenta. Pero no hablo de una primera impresión sacada de la irreflexión, mucho menos de los medios, muchísimo menos del Grupo Clarin, de TN, etc.

Hablo de una primera impresión profunda; o sea, que venga de un momento en el cual estamos conectados con nuestro entorno y somos capaces de tener reacciones de la razón, no del prejuicio, o de la mala información. Fíjense lo que pasa con estos medios hegemónicos, la gente termina discutiendo noticias, no hechos.

Fue de notorio conocimiento lo que hizo TN con Villa Azul en Avellaneda, tan notorio porque logramos, desde la oficina de comunicación, hacerles pedir perdón. ¡A TN! Habían pasado enfrentamientos de gente contra la policía que reprimía violentamente diciendo que sucedía en Avellaneda. El vasco Iñaki Echeverría, mi querido hermano y socio, (un enorme productor de medios audiovisuales ganador de varios Martín Fierro uno por HISTORIA DE MUJERES DEVOTAS ¿lo recuerdan? junto a Ariel Gurevich y Santiago Losa). Bueno, él, se quedó toda la madrugada tratando de encontrar de dónde eran esas imágenes. En Villa Azul no pasaba nada: ¡nosotros estábamos ahí! La pandemia estaba en el punto rojo y la gente atendida por el Estado avellanedence: gente tratada no solo con respeto sino con amor, como se la sigue tratando, y como la seguirá tratando nuestra otra dirigente extraordinaria, Magdalena Sierra, que seguramente mi pueblo va a poner a cargo de nuestro destino en las próximas elecciones.

Finalmente Iñaki, a las 4 de la madrugada, pudo dar con esas imágenes: eran sacada de CHILE, del conflicto estudiantil. Hijos de puta es la palabra, aunque la madre de ellos no sé si tiene la culpa. Tal vez sí por haberlos parido. No hay peor persona que la que tomó la decisión existencial de ser un sorete. Y esa gente son eso: unos soretes. (Acá tienen el link del pedido de perdón de TN: patético-perverso https://www.youtube.com/watch?v=LBaxwB4GIEw)

Lo que quiero decir en este intermedio de la crónica es que yo tuve la misma buena primera impresión con Federico Achával cuando lo conocí, en una charla cordial que tuvimos en el palacio municipal, y luego lo mismo con Santiago Laurent, en una circunstancia diferente: la de un concierto de Bruno y su grupo De Tanos, una banda de amigos pilarenses. Y aunque no hicimos más que saludarnos y compartir una mesa, y fue durante un día particularmente difícil para mí, él me dio la misma buena impresión que el jefe del estado municipal: dos hombres que quieren una carrera política para servir al pueblo: dos hombres honestos. Y ya que de esto se trata la elección de noviembre, queridos lectores, de que no se perfile Larreta para presidente y así terminar de destrozar a nuestra patria, a nuestro pueblo, como destrozó las estaciones de Villa Crespo, de La Paternal, en la línea San Martin en función de sus negociados. Justamente las estaciones de los barrios más pobres de la gente que sí o sí usa el tren son las que aún hoy están sin habilitar. El tren las pasa de largo y sin embargo, la obra está tan mal hecha, que tarda casi el doble que antes en completar su trayecto.

A veces, en mis delirios, imagino un cruce genético entre Larreta y Lanata. Deberíamos llamarlo… a ver…  LARRETA+LANATA = LARRATA. ¿no? Entonces con un solo nombre nos referiríamos perfectamente a los dos. Y el nuevo engendro dirá las mismas mentiras que ellos dicen sin parar sólo por dinero. Por ninguna otra cosa más que más y más dinero.

Volviendo a la crónica y a esa vez del sillón: el clima mundial estaba horrible. Te atendían fuera de los locales, la vacuna apenas se soñaba y la gente presentía que esto no se iba a acabar nunca. La chica que nos atiende no hace pasar a los dos. Elegimos el sillón y yo pago una reserva que nos garantizaba la entrega a los treinta días

—Es un regalo adelantado de cumpleaños –digo, para despejar dudas de que fuéramos un paganini y su fato.
—Ay —dice la chica—qué papá más bueno que tenés.
—Sí –le digo yo—el padre de ella es muy bueno, pero se quedó en la casa porque le cayó mal un salamín, ¿viste? 
Los colores de la mujer se tornaron el arcoíris de Belcebú. Todos los pálidos que se puedan imaginar. 
—No te preocupes —le dije para calmarla, mientras María disfrutaba la situación de alguna extraña manera. Poniendo esas caras que a veces me son tan difíciles de leer, pero que tanto me gustan. 
—Tengo un hijo un año mayor que ella, pero por suerte soy el novio –agregué— Ser el padre sería muy costoso.
María me fulminó con la mirada. Y ahí la chica se despachó con algo que todo el mar de fondo que llevaba encima. Como siempre me pasa. Nos contó que su papá también estaba con una mujer joven a la que le llevaba más de treinta años, y que…
—No lo van a creer –dijo la chica. Era una amiga de ella que ella había llevado para hacer la limpieza y que había resultado que se levantó al hombre y que se casó con él. Y pasó de ser su amiga a ser su madrastra, y supongo, esto no lo sé, solo lo supongo, a heredar la fábrica de muebles. La primera impresión me había dado “mujer separada”. Y entonces lo dijo:

—Mi ex también —dijo, y pensé que la mujer se me derretía ahí mismo—. Conoció a alguien, más joven que yo. Yo me anoté en Tinder –dijo—, porque también puedo conocer al alguien lindo y joven.

El comentario me entristeció mucho. Y ella siguió y siguió. Lo soltó todo, supongo, porque si tenía más hubiese sido inverosímil.
La angustia que junta la gente es tremenda, por eso existen los Tinderes. Prefiero los tenders, ya que ahí se cuelga la ropa de toda la familia, y prefiero tener familia. Más hijos, o hijas, ojalá María quiera. O adoptar a dos a tres, a cinco pibes. Sin tener la necesidad de ir a buscarlos a las Filipinas, porque están por acá. Como se suele hablar en Palermo Sore. Y llevarme a todos los perros también a un terreno enorme cuando me pueda comprar el terreno enorme, y voy a poder, porque lo voy a hacer escribiendo, escribiendo sobre esta angustia que tortura a la gente y que tanto me tortura: la soledad y el aislamiento. 

—Sos una linda chica, corazón –le dije. María y la chica sonrieron. Mi compañera sabe que me gusta decirle cosas lindas a la gente y que suelo decir “corazón”, una costumbre que tomé en Salvador de Bahía cuando viví allá. Las baianas (sin H) aunque no te conozcan te dicen así: Corazón.

Entonces corazón herido de mujer, herido por el padre, la amiga y el ex marido, espero que no te enojes porque estas palabras no son chismerío; es tratar de entender quiénes somos, de dónde venimos y hacia a dónde vamos.

Pasaron esos días y ayer sábado me lo encontré al Bandi, Andrés, el vendedor de globos de la plaza central. Bailando descalzo y cantando una cumbia. Cantaba y bailaba frente a la atenta mirada del policía que no sé qué mierda vigilaba tanto. La letra decía algo de acostumbrado al amor, crep. Y entonces recordé a la vendedora y su tristeza. Y pensé en comprarle un globo y llevárselo, uno que no fuera amarillo, más vale. Encaré al vendedor y le dije: sos un genio.

—Soy Andrés, El Bandi, el vendedor de globos - me dijo
—Nos sacamos una foto para el diario.
—Más vale –dijo—pero a cara limpia.

Y acá esta la foto, ahora que estamos afuera otra vez, que mi amigo Maxi Salvioli, uno de los directores del hospital San Roque de Gonet, me dijo por teléfono que ya no había más internados por COVID en ese hospital, que estaban muy esperanzados de lo que venía. Vamos, gente. Que vuelva la esperanza, votemos bien nuevamente y salgamos como el Bandi querido, ahora más que nuca. Es el deseo para todos. Para vos también estimado Nacho de la óptica, ya que el lunes voy a buscar mis anteojos deportivos nuevos. Porque me gusta gastar la plata que gano, gastarla acá, porque la plata hay que gastarla en Pilar, en Avellaneda. Hay que comprase cosas, invitar asados, comprar globos, bailar en la calle descalzo. Porque la alegría no es solo brasilera, también es pilarense, más vale. Palabra de hombre del conurbano, palabra de escritor de Avellaneda y de Pilar. Palabra de honor.

*Este artículo es parte de una saga de crónicas publicadas semanalmente por el escritor Pablo Ramos en el diario www.pilaradiario.com.

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