lunes, 14 de marzo de 2022

El origen de la alegría y la lectura como mirar al abismo, por Damián Marrapodi

Escribe Damián Marrapodi  / Foto Nora Lezano



Lo primero que leí de Pablo fue su cuento “Cuando lo peor haya pasado”, que arranca con la siguiente frase: “Todo comienza bien”. Si todo comienza bien, no me imagino cómo va a terminar, me dije. Y seguí leyendo. A los pocos párrafos ya estaba metido de lleno en el universo que narra, donde se condensa, creo, gran parte de su literatura. Cuando terminé de leer pensé “a este tipo le dolió escribir esto”. También me dije “así es como hay que escribir”. No tenía muy claro a qué me refería con eso, pero más tarde lo supe: un día, en su casa, Pablo sacó de un cajón una pila de hojas. Habría más de cien: “Es el borrador del primer capítulo mi nueva novela, todavía no lo terminé” -dijo.

Conozco a Pablo como lector, como amigo y como tallerista. Si hay un denominador común a estos tres aspectos, es decir, al escritor, al amigo y al maestro, es su generosidad. Porque Pablo no se guarda nada. El lector lo sabe y también lo sabe Alfredo, cuando en “El origen de la alegría”, le dice a Gabriel: el que guarda nunca tiene.

En sus talleres nos enseñó algo que él había aprendido y atesorado hacía tiempo atrás: que no se corrige texto, se corrige persona. Eso me hizo sentir alivio. Fue también en sus talleres que me dio algo que creo de mucho valor y es la fe en las palabras y la posibilidad de ordenar las cosas de alguna manera.

Más de una vez lo escuché decir, decirme a mí, decirle a otro compañero: “ojo, tené cuidado con esto, detenete acá y reflexioná, no te lo digo como profesor, qué me importa la literatura, te lo digo como amigo”.

Como lector puedo decir que nadie atraviesa una novela de Pablo Ramos y sale de la misma manera en la que entró. En el medio pasa algo que no sé cómo explicar, es como si alguien te llevara de la mano para mostrarte desde un puente, un abismo; para luego acompañarte de nuevo hacia la orilla.

De manera inversa a ese “Todo comienza bien” de “Cuando lo peor haya pasado”, en “El origen de la alegría” se parte desde de un caos. Y ese viaje en limusina que parece a priori del todo azaroso, sin rumbo cierto, se transforma en otra cosa; en un viaje que el lector entiende que es así y que no podría haber sido de otra manera; porque hay ternura, porque hay piedad y porque también hay belleza.

Le debo mucho a Pablo, le debo cosas que sé que no puedo pagarle -además de alguna que otra cuota-; pero si hoy mi mundo es más amplio, es decir, si mi capacidad de amar tiene la posibilidad de ser más grande que antes, eso es gracias a Pablo Ramos. Y si el mundo de un lector al terminar de leer “El origen de la alegría” es más grande, eso es también gracias a Pablo Ramos, claro.


1 comentario:

  1. Impresionante Damián,me encantó, cada palabra está cargada de verdad. Es así con Pablo. Generosidad y una invitación a reflexionar sobre uno mismo,sobre el compañero yasi ampliar la capacidad de amar. Gracias y abrazo grande.

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